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Hablando desde DoCoaching

Pues para ser completamente sinceros vamos a hablar desde nuestra experiencia que otra cosa no, pero diversa, es un rato bien largo.

Podría hacer un ficha técnica de nuestros perfiles, pero para eso ya está Linkedin, de lo que nos gustaría realmente escribir es sobre nuestra relación, cómo nos conocimos y qué nos unió.

 

Ambos somos jóvenes (Mar aún más que yo, aquí la socia, tiene 25 añitos muy bien llevados) pero eso no nos exime de no haber tenido una larga trayectoria además de visión para poder sacar nuestra resiliencia y conseguir el mayor aprendizaje consciente, de todos los baches que hemos pasado.

Mudanzas, diferentes países y ciudades, hasta continentes enteros hemos recorrido, en una búsqueda de algo que no sabría definir muy bien, algo que ni siquiera se puede coger con las manos. Buscábamos las piezas que faltaban por encajar en nuestros propios puzzles.

 

A lo largo de toda nuestra búsqueda, ambos sufrimos “gaps” que hemos ido viviendo en nuestra relación con el entorno personal y profesional, cómo por ejemplo que se trate a las personas como simples “datos” en una empresa o lo necesario de una enseñanza (educativa y social) que nos estimule a gestionar en vez de bloquear todo aquello que no entendemos; emociones, comunicación, miedos, relaciones, frustraciones, los fracasos y un largo etc.

 

No nos conocíamos aún, cuando pensamos los dos que habíamos encontrado el santo grial a todas nuestras preguntas, el Coaching. Nos conocimos cuando coincidimos de manera causal (que no casual) en un Máster de Coaching Ejecutivo y Personal que hicimos aquí, en Valencia..

 

María (como yo la llamo cuando trabajamos) dejó Ecuador, su familia y su participación en el laboratorio médico familiar, incluso su propio trabajo como diseñadora de campañas de marketing para hoteles, queriendo encontrar herramientas de apoyo para las personas que lidian con enfermedades crónicas, ya que ella desde los 13 tiene diabetes tipo 1, complementarias a las terapias psicológicas o médicas.  Adaptar sus amplios estudios en marketing con el coaching para poder así desarrollar personas y empresas “con alma” como ella misma dice, era otro de sus objetivos.

Y decidió.

Se movió.

Actúo.

 

Y yo… bueno yo dejé Londrés, mi vida y el trabajo “de mis sueños” para hacer lo mismo.  Sonará a locura de millenial, tanto lo mío como lo de María, pero nada más lejos de la realidad, porque a pesar de haber estado situados en una zona de gran comfort, con mucha estabilidad económica y una vida hecha, decidimos que no era eso a lo que habíamos venido a este mundo. Decidimos que queríamos hacer algo más grande y trascendental, algo que tuviese un impacto social y cultural. No por querer aparecer en ningún libro, sino por aportar un enriquecimiento en la vida de las personas. Facilitar conocimiento y herramientas que puedan utilizarse como vehículo para la conciliación con un mismo y el respectivo impacto positivo en el entorno. Y diréis, “¡Bueno estos, donde vaaaan!”, coño claro estamos empezando.

 

A mi con 12 añitos me dijeron que nunca saldría del pequeño pueblo de Alicante de donde soy cuando dije que con 18 me iría a Madrid a estudiar Moda. Y con 25, después de haber vivido en Madrid, Barcelona, Ibiza y Bilbao labrándome un futuro profesional y personal, conseguí ser director de establecimientos de lujo para una marca americana en Reino Unido. Quiero decir, es que aquí el límite sólo te lo pones tú, no los demás.

 

Además si por algo nos caracterizamos María y yo, es por el buen estado de la plasticidad neuronal que tenemos (a pesar de alguna tarita puntual) y por ser capaces de adaptarnos a casi cualquier situación con un pragmatismo que a veces me deja a mi mismo pasmado. Y esto lo deduje cuando después de todo el curso de casi 500h entre teoría, prácticas, exámenes, grabaciones, webinars, conferencias y talleres que compartimos, decidimos que queríamos seguir formándonos y construir algo juntos. Una plataforma que nos permita vivir y sobre todo enriquecer. Un proyecto que poco a poco nos permita llegar al punto que queremos: Aportar valor a este ecosistema llamado sociedad del que todos somos partícipes y del que por desgracia en un porcentaje bastante alto, usuarios inactivos.

 

¿Para qué seguir tal cual se han estado haciendo las cosas hasta ahora si ya no funcionan?

¿Para qué poner por bandera la represión emocional si no es efectiva ni productiva?

¿Para qué castigar el fracaso si es la única forma de aprender?

¿Para qué invisibilizar la diferencia y la diversidad?

¿Por qué seguir viviendo en un entorno hostil?

 

Entendamos la importancia de los conceptos de colaboración, responsabilidad, aprendizaje, coherencia y conocimiento y dejémonos de gilip*lleces y estancamientos en sistemas del siglo XX que no carburan, cuando lo único que se necesita es valentía y un buen equipo humano. Porque solos, no llegaremos a ningún sitio.

 

Un abrazo.

Miguel & Mar